En medio de los años, haré que sean eternos
Posted by María Gabriela | Posted in | Posted on 1:06

Y ¿cómo decir lo que uno siente? Si eso se reduce a la nada misma; al vacío, a lo inexplicable. ¿Cómo poder decirle a los demás que no pasa nada, cuando en verdad nos pasa todo? ¿Por qué mientras uno cree tener las cosas más claras, más difíciles se vuelven?... Son tantas las preguntas que se me vienen a la mente, y tan pocas respuestas (por no decir ninguna). Ojala pudiera volver a ser aquella pequeña persona, sin responsabilidades, sin retos, sin obligaciones... Pero no, hoy tengo que estar acá como muchos a la par, pero con un nudo en la garganta. Porque siempre fui de ir de frente, y es la primera vez que no puedo enfrentar mis problemas, es la primera vez que no sé qué hacer o cómo seguir; es la primera vez que me encuentro conmigo misma, y veo y siento, que las cosas no están bien. Y la subida es cada vez más empinada, eterna, inalcanzable. Y tengo los ojos nublados de tristeza tuya, tristeza mía, de él, de ella. Tengo dos mil cosas en la cabeza y no sé como empezar a resolverlas... Muchos dirán por el principio, pero a esas personas les digo: acaso ustedes siempre ven el comienzo del problema?, ¿siempre pudieron resolver todo sin lastimar, o lastimarse?
A lo largo de mi vida conocí mucha gente, cada una con lo suyo. Conocí personas para bien, y para mal. Conocí personas que me aportaron, y otras que me quitaron mucho. Conocí personas con las que aprendí a caminar tomadas de la mano, y personas de las cuales me tuve que soltar porque nuestros caminos se separaban. Gané y perdí. Reí y llore. Llegué hasta a mentirme a mí misma, por no querer reconocer realidades; realidades que me lastimaron, pero que hoy gracias a Dios (o lo que fuere) ya no me hacen tan mal como antes. Aprendí a caminar sola, aprendí a ver lo valioso de cada persona. Aprendí a equivocarme, a chocarme contra la pared. Aprendí que en la vida hay que saber perder, para después saber ganar lo justo. Le pedí oportunidades a la vida; supe esperar, a darle tiempo al tiempo. Aprendí a caminar por caminos que no eran; me entregué a gente que no era. Y vi cosas que nunca me voy a olvidar. Muchas veces quise bajar los brazos, incluso hoy siento eso... Siento que lo mejor es dejarse estar; como si el mirar para un lado me ayudara de algo. Hoy siento nada, y de la nada estoy segura de que voy a salir a flote, como tantas veces, con la ayuda de esas pequeñas personas, grandes amigos, hermanos, compañeros. Y a ellos, ellas. A esas personas que siempre están a mi lado les quiero agradecer, con una mano en el corazón todo lo que hicieron, hacen y van a hacer por mí. Sé que no soy perfecta, que tengo mil defectos y alguna que otra virtud, pero el regalo más grande sin dudas es poder contar con su presencia, aunque no sea física, y de ahí poder seguir adelante y poder volver a estar bien. A ellos, a los que saben y a los que no tanto, a los de siempre y a los de para siempre, para ellos van estas líneas torcidas por la tristeza, pero enteras como esa fuerza que me dan día a día.
A Fernanda, Matías, Agata, Tomas, Gonzalo, Ezequiel, Agus y Dai, Mamá, Papá, Agustín y Guillermo mis hermanos; a Carolina y Diego mis primos. Y a cualquiera que lea esto y se ponga en mi lugar, para ustedes.
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